Suplementos prenatales: ¿Qué vitaminas no pueden faltar durante el embarazo? Las vitaminas que sí importan durante el embarazo
- Claudia Rodriguez
- 19 ene
- 5 Min. de lectura
El embarazo no es solo una etapa de cambios físicos visibles. Por dentro, el cuerpo materno se convierte en una verdadera central de producción: más volumen sanguíneo, mayor demanda de oxígeno, formación acelerada de tejidos y un sistema hormonal trabajando a doble turno. Todo esto ocurre mientras se construye, desde cero, un nuevo ser humano.
Comer bien es fundamental, pero incluso con una dieta completa y balanceada resulta difícil cubrir todos los requerimientos de micronutrientes que exige la gestación. Aquí es donde los suplementos prenatales dejan de ser un “extra” y se convierten en una herramienta clave para proteger la salud de la madre y del bebé.

¿Por qué no basta solo con la alimentación?
Durante el embarazo aumentan las necesidades de hierro, folatos, yodo, vitamina D, omega 3 y otros nutrientes esenciales. Estos participan en procesos críticos como:
• Formación del sistema nervioso central
• Desarrollo del cerebro y órganos
• Función adecuada de la placenta
• Prevención de anemia, preeclampsia y parto prematuro
Los suplementos prenatales no sustituyen a la alimentación, pero sí la complementan para cubrir brechas que, de otra forma, serían difíciles de cerrar.
Vitaminas y minerales que no deben faltar en el embarazo
Ácido fólico (vitamina B9)
Es probablemente el nutriente más conocido del embarazo, y con razón. Su papel en la prevención de defectos del cierre del tubo neural —como espina bífida o anencefalia— está ampliamente demostrado.
Beneficios principales:
Prevención de malformaciones neurológicas
Formación adecuada del sistema nervioso
Producción de glóbulos rojos
Dosis recomendada: 400–800 mcg diarios (puede ser mayor en casos especiales, bajo indicación médica).
Aquí vale la pena hacer un paréntesis para hablar del folato y de por qué hoy se recomienda cada vez más en lugar del ácido fólico. El folato (5-MTHF) es la forma natural y activa de la vitamina B9, por lo que el organismo puede utilizarlo de inmediato. A diferencia del ácido fólico, no necesita convertirse mediante la enzima 5-metiltetrahidrofolato reductasa.
Esta diferencia es clave, ya que entre el 40% y 60% de la población presenta variaciones en el gen MTHFR, lo que limita la transformación del ácido fólico a su forma activa. En estos casos, su absorción y biodisponibilidad disminuye, lo que puede afectar la protección neurológica del bebé y favorecer la acumulación de ácido fólico no metabolizado. Por eso, el uso de folato activo resulta una alternativa más eficaz y segura durante el embarazo.
Hierro
A medida que avanza el embarazo, los requerimientos de hierro pueden incrementarse hasta un 70%. Cuando este aporte es insuficiente, la madre puede desarrollar anemia, fatiga intensa y mayor riesgo de hemorragia obstétrica. Para el bebé, en cambio, la deficiencia de hierro puede traducirse en un desarrollo neurológico deficiente, ya que este mineral es un nutriente esencial para la formación del cerebro.
Desde el primer trimestre, el cerebro fetal crece a una velocidad extraordinaria y necesita hierro para tres procesos clave:
1. Formación de neurotransmisores. El hierro participa en la síntesis de sustancias como dopamina, serotonina y norepinefrina, neurotransmisores que regulan funciones como la atención, el aprendizaje, la memoria y la conducta emocional. Cuando hay déficit de hierro, estas vías químicas se alteran y el desarrollo neurológico puede verse comprometido.
2. Mielinización de las neuronas. La mielina es la capa que recubre las neuronas y permite que los impulsos nerviosos viajen de forma rápida y precisa. Una mielinización deficiente se asocia con retrasos en el desarrollo motor, del lenguaje y en las habilidades cognitivas.
3. Producción de energía cerebral. El cerebro es uno de los órganos que más energía consume. El hierro forma parte de enzimas mitocondriales responsables de producir ATP, el “combustible” celular indispensable para el funcionamiento neuronal.
Calcio
El calcio es un pilar silencioso del embarazo: construye el esqueleto del bebé, protege los huesos maternos y ayuda a prevenir complicaciones como la preeclampsia.
Si la ingesta es insuficiente, el cuerpo literalmente “toma prestado” calcio de los huesos de la madre. A partir del segundo trimestre, el feto comienza a formar de manera intensa sus huesos y dientes, y todo ese calcio proviene directamente del organismo materno.
Además, el calcio participa en la contracción de todos los músculos, incluido el útero y el corazón. Su deficiencia puede favorecer la aparición de calambres frecuentes, fatiga muscular y alteraciones del ritmo cardíaco.
La dosis recomendada de calcio durante el embarazo es de 1,000 a 1,300 mg diarios. Si no es posible alcanzar esta cantidad únicamente a través de la dieta, es recomendable complementar mediante suplementación.
Vitamina D
Sin vitamina D, el calcio simplemente no se absorbe de forma adecuada. Además, su estrecha relación con el sistema inmunológico y con el metabolismo de la glucosa la convierte en un nutriente especialmente relevante durante el embarazo.
Entre sus principales beneficios se encuentran: mejorar la absorción del calcio, favorecer el desarrollo óseo fetal y reducir el riesgo de preeclampsia y diabetes gestacional.
Para una suplementación adecuada, lo ideal es conocer tus niveles séricos de vitamina D y, con base en ellos, indicar una dosis específica y segura tanto para ti como para tu bebé.
Omega 3 (DHA y EPA)
Los omega 3, en especial el DHA, no son un complemento opcional durante el embarazo: forman parte de la estructura del cerebro y de los ojos del bebé.
Aproximadamente el 60% del cerebro está compuesto por grasa, y el DHA es uno de sus principales componentes. Durante el tercer trimestre, el bebé acumula grandes cantidades de este ácido graso para:
• Formar conexiones neuronales
• Favorecer la memoria y el aprendizaje
• Apoyar el desarrollo cognitivo a largo plazo
El DHA también es un componente estructural de la retina, por lo que una ingesta adecuada se asocia con una mejor agudeza visual en los primeros años de vida.
Además, diversos estudios han demostrado que niveles adecuados de omega 3 se relacionan con un menor riesgo de parto prematuro y una menor incidencia de bajo peso al nacer. Esto se debe a sus propiedades anti inflamatorias, que favorecen el flujo sanguíneo placentario y, con ello, el transporte de oxígeno y nutrientes al bebé.
¿Cuándo empezar a tomar estos suplementos?
Lo ideal es iniciar los suplementos prenatales al menos tres meses antes del embarazo. Si esto no fue posible, debe comenzar tan pronto como se confirme la gestación y continuar durante todo el embarazo e incluso durante la lactancia, según indicación médica.
No todos los multivitamínicos prenatales son iguales. Dos frascos pueden parecer idénticos, pero pueden variar enormemente en:
• Cantidad real de nutrientes
• Tipo de hierro (algunos se absorben mejor y causan menos molestias digestivas)
• Presencia o ausencia de DHA y EPA, y sobre todo en la dosis de estos ácidos grasos
Por eso, elegir un suplemento no debería ser una decisión al azar ni basada en modas o recomendaciones en redes sociales. Los suplementos que se utilizan durante el embarazo deben ser prescritos de forma individualizada por tu médico, tomando en cuenta tus características personales, tu tipo de alimentación, tu estilo de vida y tus necesidades específicas.


